Ya lo decía Pereza: llévame al baile. En algún momento todos hemos soñado con esa escena peliculera en la que la pista de baile se rinde completamente a nuestros pies y nosotros (con  nuestra pareja) acaparamos todas las miradas. O simplemente queremos que en la quinta boda del año a la que acudimos, nos saquen a bailar un rato que para eso nos hemos arreglado tanto. ¿Para qué sino?

Y ahí está, ruda, sincera y tan tajante como siempre: la realidad. Ni eres Baby ni tu pareja será nunca Patrick Swayze o viceversa. La pista está pegajosa,  los pies seguramente te matan de dolor y el Dj siente una irrefrenable obsesión por toda la discografía Caribe Mix. En definitiva, el momento Dirty Dancing no está muy a tu alcance. Obviando el hecho de que hacen falta mucho más que dos clases y un amor de verano para dar piruetas sin parecer el más perjudicado de la velada.

Pero tú quieres bailar.

Y quieres que tu pareja baile contigo.

¿Qué podemos hacer para no hacer el ridículo más absoluto?

  1. Lo más ridículo es temer hacer el ridículo: una vez asumido que no eres Fred Astaire, lo mejor que puedes hacer es quitarte de prejuicios y soltarte la melena. No hay un jurado evaluando tu actuación, ni de ello dependerá asegurar el futuro del mundo libre. La vergüenza déjala en casa.
  2. Bailar pegados NO es bailar: Parece sencillo, pero probablemente tengas más éxito improvisando un twist que intentando bailar agarradito. Para empezar está la cuestión de qué hacer con las manos. Equivócate un centímetro y puedes lanzar el mensaje equivocado. ¡Y qué decir de los pies! Pisotones, desubicación y un no saber hacia dónde tirar que van a convertir la escena en un absoluto desastre. Por no hablar del combate a muerte por quién manda y dirige durante la danza.
  3. Autocontrol, por favor: si bien no es momento de ser vergonzoso, tampoco es plan de que tu acompañante sepa que pierdes el control cuando suenan canciones de Sonia y Selena. O que tu debilidad es un señor llamado Georgie Dann. Hay que saber medir qué mensajes queremos lanzar y tener cuidado con no pegar un grito de furor cuando suenen las primeras notas de ‘El chiringuito’.

Si tienes en cuenta estos 3 consejos, te olvidas de recrear la escena final de Flashdance y simplemente disfrutas de la música con tu acompañante… nunca seréis Baby y Johnny en el campamento de verano, pero valdrá la pena.