Se está tocando las puntas del pelo… eso es que está coqueteando”.

¡Error!

Cuántas veces no habremos caído en la trampa de interpretar que alguien coqueteaba con nosotros, para luego darnos de bruces con la amarga realidad. Nuestro incansable ego, las ganas de sentirnos atractivos y los pájaros en la cabeza que muchas veces nos meten los amigos, nos empujan al vacío del flirteo del que, en más de una ocasión, salimos escaldados.

¿Estamos seguros de saber interpretar las señales?

Lo del lenguaje corporal es para volverse locos. Hasta tal punto que el más mínimo gesto de nuestro acompañante puede llevarnos a equívoco. Otras, sin embargo, son triunfo asegurado.

  1. Tu boca es la protagonista: hablas y hablas durante horas desde cómo salvar las ballenas jorobadas hasta de qué te pareció el precio de las mandarinas el otro día en el súper de tu barrio, y la persona de enfrente sólo asiente y te mira los labios. De vez en cuando, un momento de inspiración hace que vuelvan a tierra y te miren a los ojos; pero, si tu boca es su diana visual… ¡Eureka!
  1. El ángulo lo es todo: si la gravedad funciona como quiere, si lo más cómodo es apoyarse en el respaldo de la silla pero su inclinación va en tu dirección, si hay espacio de sobra y se comporta como si fueseis en un vagón de metro sin espacio… ¡Aquí hay tema!
  1. El peor chiste del mundo ha tenido gracia: puede ser que no sepa cómo salir de ahí y se ría para despistarte y correr en dirección contraria a tu primer giro de cabeza. Pero, venga, seamos optimistas. Prueba a contar la cosa más absurda del mundo, como la otra persona se ría… más te vale no dejarla escapar.
  1. El roce como excusa para todo: ¿que se ríe? Te toca. ¿Va al baño? Y te vuelve a tocar. ¿Pide otra ronda? Y te roza la rodilla. Si tras un tiempo prudencial has observado que todo vale con tal de tener un poco de contacto físico… una de dos. O tiene un serio problema con el roce por el roce, o le encantas del todo.
  1. Si te besa: esta es obvia ¿No?