A veces pasarse de listo tiene sus desventajas. Ojo, no dudamos que seas un experto en arte abstracto, o que al meterte a la ducha tararees piezas de un compositor ruso en lugar del último hit de Rihanna. Pero creemos que es importante advertirte. ¿De qué? Pues, básicamente, de que ser tan culturera está muy bien, pero que puede salirte tremendamente mal.

Si bien gracias a los #MomentosShakn es más sencillo conectar con alguien por una afición en común en lugar de en base a una primera impresión, puede ser un arma de doble filo si no tienes el arte de saber manejarla. De hecho, vamos a plantearte varios supuestos para que entiendas por qué creemos importante advertirte:

  1. Siempre hay alguien que sabe más que tú: y ese alguien puede ser tu próximo flechazo en Shakn. Más aún, puede saber más que tú, pero no contártelo para ver qué sabes tú. Y ahí tienes un gran problema. Pongámonos en situación. Acudís juntos a una exposición y tú que has estudiado recientemente las últimas vanguardias decides ponerte a hablar sin parar. Y hablas y hablas… hasta que te das cuenta que de tanto hablar te has inventado ciertas partes por la emoción de dejarte llevar. ¡Ay como se haya dado cuenta! Despídete del “¿volvemos a vernos?”
  2. No es lo mismo una exposición impresionista que un concierto de la Oreja de Van Gogh: cuidado con las posibles equivocaciones derivadas de que nuestro interlocutor tenga poca idea de a dónde le llevamos. Lo que proponemos puede parecer un planazo, hasta que tu compañer@ se da cuenta de que, en lugar de un concierto pop, vais a admirar los brochazos en coma de un pintor del que muchos sólo conocen la leyenda de su oreja.
  3. Wagner no es para todo el mundo: nadie dice que tus gustos sean raros, o que no haya alguien por ahí que viva tanto la Ópera como tú. Pero Pretty Woman hizo mucho daño insinuando que la cita ideal se desarrollaba en un teatro. Primero porque no llegaréis en Jet y segundo, porque los palcos sólo los podréis ver en imágenes. Y la última fila de platea no es el lugar idóneo para hacer surgir el amor.

En definitiva, quien no arriesga no gana pero… ¡hay que procurar no pasarse de vuelta!